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El duelo y sus 7 fases

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En la pérdida de un ser querido duele el pasado, el presente y especialmente el futuro. El duelo es tan devastador y aterrador, porque confronta a la persona con los cuatro conflictos básicos de la existencia: la muerte, la libertad, la soledad y la falta de significado.

Cada persona vive y enfrenta el duelo de una manera distinta, así como somos individuos únicos e irrepetibles, así también el proceso de duelo lo va a vivir cada quien a su manera, y va a depender de diferentes factores como la personalidad, la capacidad de respuesta, la relación que tenía con la persona fallecida, la forma y las circunstancias en las que se fue el ser querido.

En este artículo intentaremos abordar todo lo que tiene que ver con el duelo y sus fases, desde el inicio con Elisabeth Kübler-Ross como precursora hasta la actualidad.

¿Qué es el duelo?

El duelo es una reacción natural y esperada ante una pérdida. Dicha pérdida no tiene por qué ser el fallecimiento de un ser querido sino cualquier tipo de pérdida que suponga un trauma para el sujeto. Por ejemplo un divorcio o el diagnóstico de una enfermedad terminal.

El duelo se caracteriza por un intenso dolor emocional. Dicho dolor puede ser, a veces, insoportablemente doloroso y abrumador para la persona que lo sufre. Por lo que es posible que se vean incapaces de seguir con sus obligaciones mientras pasan por el proceso de duelo.

Aunque el duelo es una experiencia personal, también tiene importantes implicaciones sociales. El duelo se ha canalizado en todas las culturas a través de las relaciones comunitarias (compartiendo el dolor con los demás) y de la narración simbólica, y estas representaciones suelen proporcionar un significado perdido más allá.

Síntomas del duelo

Una persona que esté pasando por un proceso de duelo sufre distintos síntomas derivados del hecho traumático.

  • Aturdimiento.
  • Confusión
  • Insensibilidad.
  • Estrés.
  • Problemas de memoria y concentración
  • Opresión en el pecho.
  • Falta de aire.
  • Fatiga.
  • Envidia.
  • Resentimiento
  • Agresividad.
  • Irritabilidad.
  • Frustración.
  • Vulnerabilidad.
  • Trastornos del sueño y alimentación.
  • Derrotismo.
  • Pensamientos obsesivos.
  • Inseguridad.

Se puede experimentar una amplia gama de emociones incómodas e inesperadas. El duelo puede tener un impacto negativo en su salud física, dificultando el sueño, la alimentación o incluso la claridad de pensamiento. Estas son reacciones comunes a la pérdida, y cuanto mayor sea la pérdida, más grave será el duelo.

Las 5 etapas de la muerte según la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross

La muerte es algo inevitable para el ser humano. Por ser un fenómeno natural, la muerte tiene una serie de procesos previos a su culminación. En el año 1969 la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross (1926-2004) entrevistó a más de 200 personas agonizantes de todas las edades para tratar de entender los aspectos psicológicos de la muerte.

A partir de esas entrevistas, describió una secuencia de cinco etapas por las que suponía que pasan las personas al reaccionar a su muerte inminente.

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Las 5 etapas de la muerte según Elisabeth Kübler-Ross son:

  • Negación.
  • Ira.
  • Negociación.
  • Depresión.
  • Aceptación.

Estas son las fases clásicas del duelo, tal y como las enunció la psicóloga en 1969. Sin embargo, en la actualidad se reconocen hasta 7, incluyendo la confusión y la culpa a las anteriormente nombradas. En el siguiente apartado del artículo explicaremos con detalle en qué consisten cada una de ellas.

De acuerdo con Kübler-Ross, los estadounidenses (y todas las sociedades occidentales en general) tienen un mayor problema para afrontar la muerte que la gente de algunas otras culturas.

Observa que mientras algunas culturas afirman la muerte, la cultura estadounidense la niega:

Somos reticentes a revelar nuestra edad, nos gastamos una fortuna para ocultar nuestras arrugas y preferimos enviar a los ancianos a los asilos.

Elisabeth Kübler-Ross

También ocultamos a los niños el conocimiento de la muerte y la agonía. Sin embargo, al tratar de protegerlos contra esas realidades desagradables, los volvemos más temerosos a este fenómeno.

Críticas a las etapas de la muerte de Elisabeth Kübler-Ross

Algunos observadores han encontrado fallas en el modelo de la muerte de Kübler-Ross. La mayoría de las críticas se han concentrado en su metodología ya que su estudio se basaba en una muestra relativamente pequeña de personas y proporcionó poca información acerca de cómo fueron seleccionadas y la frecuencia con que se les entrevistó.

Además, todos sus pacientes sufrían de la misma enfermedad: cáncer. ¿Se aplicaría su modelo también a personas que mueren de otras causas? Por último, algunos críticos cuestionan la universalidad de su modelo. La muerte en sí es universal, pero las reacciones hacia ella pueden diferir considerablemente de una cultura a otra.

A pesar de esas críticas legítimas, existe un acuerdo casi universal de que Kübler-Ross merece crédito por iniciar el estudio de las transiciones por las que pasa la gente durante el proceso de la muerte. Fue la primera en investigar un área que durante mucho tiempo se había considerado tabú y su investigación ha hecho que la muerte sea una experiencia más “comprensible”, con la que quizá sea más fácil tratar.

Las 7 etapas o fases del duelo

El duelo tiene múltiples etapas y distintos autores las han clasificado con más o menos fases. La teoría más extendida es clasificarlo en 5 etapas, las cuales, a pesar de ser correctas considero que pueden ampliarse hasta 7 para entender mejor lo que ocurre en la mente de un individuo cuando pasa por un proceso de duelo.

Primera etapa: negación

La negación es una reacción común a la pérdida que se produce justo después de que ésta ocurra. Se caracteriza por un estado de «shock», en donde la primera reacción es el rechazo y la incredulidad.

Es típico sentirse incrédulo tras una pérdida, una futura pérdida o un diagnóstico desfavorable, lo que puede ir acompañado de congelación emocional.

En un primer momento, la persona se niega a creer la situación e insiste en que se ha cometido un error y busca otras opiniones o alternativas más aceptables.

Una persona que esté en esta fase del duelo puede decir frases como:

  • Todavía no me creo que esto sea cierto.
  • Es como si estuviera viviendo una pesadilla.
  • Aún parece que escucho su voz.
  • ¡No, no es verdad!
  • Parece que le veo.
  • Estoy como en una nube.
  • Por qué a mí.
  • Nadie me comprende.
  • No sabes cómo me siento.
  • La vida es injusta.

También se puede manifestar con una calma emocional inusual, como si no hubiera pasado nada.

La negación acaba restando importancia a la gravedad de la pérdida o negándose a creer que es irreversible.

Segunda etapa: confusión

Esta fase se da cuando la persona que sufre el duelo empieza a darse cuenta de que no puede seguir negando los hechos y la negación se combina la realidad.

Es en ese preciso momento, en el que se da lugar una turbulencia emocional, algo que nunca habíamos experimentado antes y de lo que no éramos conscientes.

Este choque entre la realidad y la negación produce una confusión profunda, la cual derivará en la siguiente etapa del duelo.

Tercera etapa: ira

Sucede cuando perdemos el control emocional debido a confusión de la realidad frente a la negación, sintiéndonos inadecuados e irritados con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea. Da comienzo entonces la tercera etapa del duelo.

La ira suele ser el primer sentimiento que se experimenta tras la confusión. Se desencadenan la frustración y la impotencia.

Las personas no pueden hacer el duelo en circunstancias extremas porque están atrapadas en un ciclo de infelicidad y no pueden despedirse de sus seres queridos.

La rabia y la ira inunda todo a su alrededor, pues su autoestima fue arrasada por la realidad de la pérdida.

La persona acepta ahora la realidad de la situación, pero expresa envidia y resentimiento hacia los que vivirán para cumplir un plan o un sueño.

La pregunta se convierte en “¿Por qué yo?” y envueltos en este estado iracundo pueden llegar culparse a uno mismo o culpar a terceras personas de las perdidas irreparables. En esta etapa son particularmente importantes la paciencia y la comprensión de las otras personas.

Cuarta etapa: culpa

Autorreproche del doliente por pensar que no hizo lo suficiente por su ser querido. O bien, buscan a algún responsable externo por el fallecimiento de la persona.

Este responsable externo puede ser cualquier cosa: una persona, un objeto, la suerte o un ser imaginario (como por ejemplo, creer que una persona estuvo involucrada en la muerte cuando no hay ninguna prueba que lo sustente).

No saber la causa exacta de la muerte, y luego culpar a alguien o a algo por ello, puede causar más angustia que la propia muerte. Esto es especialmente cierto si la gente cree que tiene poco que ver con la causa real de la muerte de la persona, lo que suele ocurrir cuando alguien muere repentinamente mientras duerme. Esto puede llevar a las personas a culparse a sí mismas, a sus parejas y a sus familiares y amigos por el fallecimiento.

Quinta etapa: negociación

Aparecen las ideas de negociar la realidad. Se piensa en hacer un trato con la vida, con Dios, o alguna otra fuerza que le devuelva a su ser querido o le de más tiempo de vida. Es una conducta defensiva que trata de evitar lo inaceptable.

Durante la fase de negociación, las personas comienzan a enfrentarse a la realidad de la pérdida, al tiempo que consideran formas de cambiar la situación.

Cuando a alguien se le diagnostica una enfermedad mortal y se le dice que no tiene cura, puede empezar a buscar posibilidades de tratamiento, o cuando alguien cree que puede reparar una relación rota modificando su comportamiento.

Prometemos cualquier cosa e intentamos todo lo que podemos para hacer que lo inevitablemente sea convierta en evitable en un intento saludable de afrontar la realidad.

Esta etapa es breve porque pensar en soluciones todo el día es agotador y el sujeto pasa a la siguiente etapa ante la imposibilidad de cambiar nada.

Sexta etapa: depresión

Al fracasar la negociación y agotarse el tiempo, la persona sucumbe a la depresión, lamentando los fracasos y los errores que ya no podrá corregir.

Las consecuencias emocionales de la ausencia comienzan a sentirse a medida que avanza el proceso de duelo y se reconoce la realidad de la pérdida. Durante esta fase la realidad comienza a imponerse frente a la fantasía.

Se manifiesta de diversas maneras: pena, nostalgia, tendencia al aislamiento social y falta de interés por la vida ordinaria.

En cierto modo, el duelo por la pérdida es la única manera de iniciar el proceso de seguir viviendo a pesar de ella.

Se distingue por un estado depresivo que suele ser la etapa de mayor duración. Durante esta fase se alternan recuerdos de intenso dolor con periodos de normalidad.

Séptima etapa: aceptación

Supone el periodo de recuperación donde el afectado comienza a mirar hacia el futuro y es capaz de vivir con el recuerdo. Esto no implica ignorar el recuerdo sino que ha adquirido la capacidad de tolerarlo.

Comienza a interesarse por nuevos proyectos y es capaz de volver a sentir nuevos deseos.

El sujeto consigue la ansiada condición de paz asociada a la compresión, tanto cognitiva como emocional de la muerte o pérdida.

Factores que influyen en el proceso de duelo

Existen una serie de elementos que indudablemente van a tener una influencia directa en cómo se desarrolla el duelo, a continuación explicare aquellos elementos que considero básicos e influyentes durante el proceso de duelo.

Edad del sujeto

El tema de la edad es muy delicado. En el caso del duelo en los niños, el proceso suele trabajarse más rápido porque ellos logran asimilar y aceptar la situación. Sin embargo, en los adultos es más difícil reajustar de nuevo la situación, teniendo en cuenta que a mayor edad la red social también puede estar disminuida.

Estado civil y sexo

Estadísticamente, hay un mayor el número de mujeres viudas que siguen viviendo solas que el de los varones.

En España en 2018, los hogares unipersonales de hombres más frecuentes estaban formados por solteros (58,0% del total) y los de mujeres por viudas (47,3%).

Fuente: Europapress

Parentesco y afinidad

Cuando el padre o la madre es quien sufre de una enfermedad terminal, en el proceso del duelo propio por la enfermedad también influye el hecho de la preocupación por el futuro de sus hijos.

Situación económica

Si el fallecido es la persona de la que dependía económicamente el núcleo familiar e implica un importante cambio en el estilo de vida.

Tipo de muerte

No cabe duda que nos situamos de diferente forma ante lo repentino o inesperado que ante lo previsible o conocido, siendo, en general, más estresante lo primero.

El papel del psicólogo ante el duelo de un paciente

El duelo produce sobre las personas afectadas necesidades en diferentes áreas: física, emocional, social y espiritual, de manera que el proceso de duelo puede implicar múltiples tipos de tratamiento ya que esto dependerá de la situación, creencia y visión de vida de la persona afectada.

No debemos olvidar que cada situación va a plantear un plan de actuación específico tras el estudio y la evaluación continuada por el equipo del caso concreto.

También es importante teorizar sobre el proceso del duelo. Desde una óptica externa no resulta demasiado complicado, pero es diferente hacerlo cuando existe una mínima sensibilidad ante el sufrimiento humano. Los profesionales de la psicología también experimentamos diferentes sentimientos ante esas situaciones sobre las que debemos meditar y aprender a canalizar.

Sin embargo, para que nuestro papel como elementos de apoyo social sea eficaz y para que éste pueda ser llevado a cabo, es imprescindible que aportemos aquello que en definitiva se espera de nuestro trabajo que es: comprensión, aceptación y ayuda que sirva para mitigar y dar soporte para sobrellevar la pérdida.

Todo lo que hay que saber sobre el duelo

Referencias

  • Carrasco V. Karina. “Herramientas básicas para procesar el duelo”  Pág. 8
  • Brooke, J. “Como recuperar la felicidad tras la muerte de un ser querido” Ediciones Obelisco. Barcelona, España. 2005
  • Morris, G. Charles. “Psicología” Decimotercera edición. Editorial Pearson. México. 2009. Pág. 428