El conductismo sostiene que la conducta se explica por su relación con el ambiente, no por estados internos. De ahí salen seis principios que comparten todas las teorías conductuales, por distintas que sean entre sí: la conducta obedece a leyes, el aprendizaje es un cambio observable, solo se estudia lo observable, lo aprendido se puede modificar, las metas deben ser específicas y el análisis se centra en el aquí y ahora.
Debajo de los seis hay una idea única, la contigüidad: el aprendizaje tiende a ocurrir cuando el estímulo y la respuesta se presentan próximos en el tiempo. Sin esa proximidad, la relación entre uno y otro no llega a establecerse.
Los seis principios
1. La conducta está regida por leyes
Las personas responden a las variables de su ambiente. Hay fuerzas externas que las llevan a actuar de una manera concreta, o a evitar hacerlo, y esas regularidades se pueden estudiar.
Desde aquí el psicólogo es dos cosas: un investigador, que averigua qué variables ambientales afectan a la conducta, y un ingeniero conductual, que las manipula para producir un cambio.
Muchos conductistas parten de que las personas nacen como tabula rasa, sin tendencia innata a comportarse de una manera u otra, y que el ambiente las va moldeando. Watson lo llevó a su formulación más famosa en 1930: dadle una docena de niños sanos y un entorno a su medida, y hará de cualquiera de ellos un médico, un abogado o un ladrón. Conviene leer esa frase entera, porque el propio Watson admitía a continuación que estaba yendo más allá de lo que sus datos permitían.
2. El aprendizaje es un cambio de conducta
Si no se puede observar y documentar, no cuenta como aprendizaje. Hay aprendizaje cuando hay cambio conductual, y no antes.
En el aula esto se traduce en algo muy concreto: un profesor no sabe si sus alumnos han comprendido la materia hasta que estos hacen algo distinto de lo que hacían. La sensación de haber entendido no es evidencia. La ejecución sí.
3. Solo la conducta observable es objeto de estudio
Las respuestas internas se estudian a través de la conducta observable, y el aprendizaje se describe como relación entre eventos observables: estímulo y respuesta.
Los pensamientos, creencias y actitudes no se observan, así que el conductismo clásico los deja fuera del método. De ahí la metáfora de la caja negra: lo que ocurre dentro del organismo no se niega, se declara inaccesible.
Skinner matizó esto más de lo que suele contarse. En su conductismo radical, los eventos privados (pensar, sentir) sí son conducta y se rigen por las mismas leyes; lo que negaba es que sirvan como causa explicativa. Es una diferencia importante con el conductismo metodológico de Watson, y en los exámenes se confunde a menudo.
4. Lo aprendido se puede modificar
Las conductas desadaptativas se adquirieron aprendiendo, así que se pueden cambiar por los mismos principios: manipulando las condiciones del medio o sustituyendo la respuesta.
Es el principio con más consecuencias prácticas, porque es el que fundamenta la terapia de conducta. Y trae un efecto secundario bien documentado: al cambiar la conducta cambian también los sentimientos y las actitudes asociados, no solo al revés.
5. Las metas deben ser específicas
Discretas, individualizadas y descritas en términos concretos y observables. «Que mejore su actitud» no es una meta conductual; «que permanezca sentado durante los veinte minutos de la tarea» sí lo es.
La exigencia de individualizar no es burocracia: dos respuestas parecidas no provienen necesariamente del mismo estímulo, y un mismo estímulo no produce la misma respuesta en dos personas. Por eso el análisis funcional se hace caso por caso.
6. El foco está en el aquí y ahora
Lo que interesa es qué relaciones funcionales están operando ahora para producir o mantener la conducta, no cómo se originó en la biografía del sujeto.
Es la diferencia de método más visible con el psicoanálisis. Un conductista que trabaja con una fobia no busca el episodio que la instauró; busca qué la está manteniendo hoy, que casi siempre es la evitación.
Cómo se traducen estos principios en el aula
Es la aplicación por la que más se pregunta, y se resume en cuatro decisiones:
- Diseñar el ambiente antes que corregir al alumno. Si la conducta depende de variables ambientales, la primera intervención es sobre el aula: dónde se sienta cada uno, cómo se dan las instrucciones, qué sigue a cada respuesta.
- Definir los objetivos en conducta observable. Es el origen de los objetivos operativos y de la evaluación por criterios.
- Programar las consecuencias, no improvisarlas. Reforzar de forma inmediata y consistente lo que quieres que se repita. Una consecuencia que llega tarde o de manera errática no enseña nada.
- Fragmentar la tarea. De la contigüidad y del moldeamiento sale la enseñanza por aproximaciones sucesivas: reforzar los pasos intermedios en vez de esperar a la ejecución completa.
La instrucción programada, las economías de fichas y buena parte de lo que hoy hace cualquier aplicación de aprendizaje adaptativo salen directamente de aquí.
Qué se le critica, y qué ha sobrevivido
La crítica que más pesó fue la de Chomsky (1959) a Verbal Behavior de Skinner: el lenguaje de un niño no puede explicarse por refuerzo, porque produce frases correctas que nunca ha oído y las produce demasiado deprisa para la cantidad de exposición que recibe. Esa reseña se considera el disparo de salida de la revolución cognitiva.
La segunda crítica vino de dentro. Los propios experimentos mostraron límites al condicionamiento: no todas las asociaciones se aprenden con la misma facilidad, hay preparación biológica y hay aprendizaje sin refuerzo. El organismo no era la pizarra en blanco que el primer conductismo suponía.
Lo que ha sobrevivido no es poco. Los principios de refuerzo, extinción y control de estímulos siguen siendo la base de las terapias con más apoyo empírico para fobias, ansiedad y problemas de conducta infantil. La exposición, que es la técnica de elección en trastornos de ansiedad, es un procedimiento conductual. Y el análisis funcional sigue siendo la herramienta con la que se decide qué mantiene una conducta problema.
Lo que cambió fue el estatuto de lo interno: las terapias cognitivo-conductuales actuales trabajan con pensamientos y creencias sin renunciar a los principios de aprendizaje. La caja negra se abrió; los principios siguieron funcionando.
Preguntas frecuentes
¿Cuáles son los principios básicos del conductismo?
Son seis: la conducta obedece a leyes y depende de variables ambientales, el aprendizaje es un cambio de conducta observable, solo la conducta observable es objeto de estudio, lo aprendido se puede modificar, las metas deben ser específicas y observables, y el análisis se centra en las relaciones funcionales que operan en el presente.
¿Cuáles son los principios pedagógicos del conductismo?
Cuatro decisiones concretas en el aula: diseñar el ambiente antes que corregir al alumno, definir los objetivos en conducta observable, programar las consecuencias de forma inmediata y consistente en lugar de improvisarlas, y fragmentar la tarea reforzando los pasos intermedios. De ahí salen la instrucción programada, la evaluación por criterios y las técnicas de modificación de conducta.
¿Cuál es la diferencia entre condicionamiento clásico y operante?
En el clásico el organismo es pasivo: un estímulo neutro se asocia a otro que ya provoca una respuesta, como en los experimentos de Pávlov. En el condicionamiento operante el organismo actúa primero, y lo que ocurre después determina si repetirá la conducta.
¿Qué diferencia hay entre el conductismo metodológico y el radical?
El metodológico, de Watson, excluye pensamientos y sentimientos del objeto de estudio porque no se observan. El radical, de Skinner, los considera conducta sujeta a las mismas leyes, y lo que rechaza es usarlos como causa explicativa. Es la confusión más habitual en los exámenes.
¿Sigue vigente el conductismo?
Como escuela exclusiva, no. Como conjunto de principios, sí: refuerzo, extinción y control de estímulos son la base de las intervenciones con más apoyo empírico para fobias, ansiedad y problemas de conducta infantil, y la exposición es un procedimiento conductual.
¿Quién fue el fundador del conductismo?
John B. Watson, que lo formuló como programa en 1913. Pávlov aportó el condicionamiento clásico desde la fisiología, y Skinner desarrolló después el operante y el conductismo radical.
Estos seis principios son el armazón de la escuela. Cómo se aplican caso por caso, y qué queda de ellos en la práctica actual, está en el resto de fichas de psicología conductual.
Fuentes
- Watson, J. B. (1930), Behaviorism, edición revisada, W. W. Norton.
- Skinner, B. F. (1953), Science and Human Behavior, Macmillan.
- Skinner, B. F. (1957), Verbal Behavior, Appleton-Century-Crofts.
- Chomsky, N. (1959), reseña de Verbal Behavior, Language, 35(1), 26-58.
- Seligman, M. E. P. (1970), «On the generality of the laws of learning», Psychological Review, 77(5), 406-418.