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Terapia de conducta – 10 características básicas

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Francisco Labrador de la Universidad Complutense de Madrid explica que la Modificación de Conducta o Terapia de Conducta han surgido en la mitad del presente siglo como una alternativa revolucionaria en el ámbito de la “salud mental”.

Primero aparece como una revolución frente a los modelos explicativos y procedimientos de intervención en este ámbito, a la vez que como movimiento científico con respuestas más eficaces a las demandas sociales existentes al respecto.

Caracterización de la terapia de conducta

Modelo de conducta anormal en terapia de conducta. Las conductas de las personas, lo mismo que las de cualquier otro organismo, se llevan a cabo siguiendo determinadas reglas.

Estas reglas vienen determinadas por la adaptación de los organismos al medio. Por tanto no puede haber diferencias “cualitativas” entre las conductas, pues todas están regidas por la adaptación al medio, y el organismo que no realiza conductas que le adapten al medio no sobrevivirá.

Características básicas de la terapia de conducta

Estas características comunes han permitido diferentes desarrollos en función tanto de los tipos de conductas “anormales” abordadas como de las técnicas o procedimientos de intervención utilizados. Las características básicas de esta terapia pueden resumirse en las siguientes:

Conductas Anormales

Las conductas anormales se adquieren, mantienen y extinguen de acuerdo con las leyes generales que también rigen a las demás conductas consideradas normales. Por la misma razón pueden modificarse de idéntica forma que las conductas normales. También se tiene en cuenta la importancia de factores biológicos, constitucionales o de predisposición, y cuando se constata su valor, se les considera como una base estructural sobre la que operan las leyes que rigen la aparición de las conductas.

Labor del terapeuta

La labor del terapeuta de conducta se centra en el análisis, evaluación y tratamiento de conductas específicas y sus determinantes, y no en constructos internos o en hipotéticas causas subyacentes no objetivables. Esta labor debe realizarse considerando así mismo las características específicas del sujeto y del medio físico, social y cultural.

La importancia de la conducta

Se subraya la importancia de la conducta mensurable y se toma ésta como el objeto de referencia. El término mensurable no siempre significa conducta manifiesta, de hecho algunos de los seguidores de este modelo se han interesado por constructos internos o respuestas encubiertas tales como por ejemplo la ansiedad o los procesos cognitivos. Casi cualquier conducta puede ser el objeto de estudio siempre y cuando exista una manera aceptable de medición.

El proceso de diagnóstico

El proceso de diagnóstico consiste en la evaluación continua de los repertorios conductuales (alterados y no alterados) del sujeto. Dicha evaluación implica el estudio de las conductas y las variables específicas o determinantes que controlan su aparición. Se desestima el uso de etiquetas globales o categorías diagnósticas al no precisar información sobre las características específicas (conductas y determinantes) que el problema alcanza en un determinado individuo.

El objetivo de la intervención

El objetivo de la intervención será instalar una conducta que el sujeto no tiene o sustituir la que tiene por otra más adecuada. Se trata de producir un cambio conductual observable y medible, directa o indirectamente, en cualquiera de las tres modalidades de respuesta: motoras, fisiológicas y cognitivas. Para lograrlo se hace necesario especificar de manera clara, precisa y estructurada los objetivos específicos de cada intervención, el tipo de ésta, las condiciones en que se va a llevar a cabo y la forma en que se investigará y evaluará su eficacia.

La intervención en si misma

La intervención puede dirigirse no sólo a modificar de forma directa las conductas del sujeto, sino también el medio físico o social de éste como forma de modificar sus conductas.

El enfoque

Es un enfoque centrado en el aquí y ahora, el énfasis se coloca en los determinantes actuales del comportamiento. La historia pasada es relevante en la medida en que informa de variables que influyen en la conducta presente.

Adaptaciones de la acción

Partiendo de esta base teórica común, el terapeuta de conducta debe adaptar su actuación a las características individuales del cliente y su medio, diseñando y aplicando en cada caso un programa de intervención específico para modificar las conductas específicas o las condiciones del medio objeto de intervención. El objetivo no es modificar al “sujeto en sí” sino sus conductas, sea una o varias, de manera secuencial o simultánea.

Eficacia de las técnicas

Los procedimientos de intervención han de ser evaluados de forma experimental y demostrar su eficacia. Es necesario establecer tanto la eficacia de técnicas o programas de intervención, como de cada uno de los componentes incluidos. Dicha eficacia se evaluará en función de los cambios objetivos producidos en la conducta de la persona, tanto a corto como a medio y largo plazo, haciendo especial hincapié en su generalización a la vida ordinaria.

Conocimientos, métodos y procedimientos

Los conocimientos, métodos y procedimientos de la psicología experimental se emplean como base fundamental para ampliar el conocimiento acerca de la etiología de la conducta, su evaluación, desarrollo y modificación. Se hace especial énfasis en el uso del método experimental tanto para el desarrollo de modelos explicativos como de procedimientos de intervención.

Métodos en la terapia de conducta

El empleo de métodos en terapia de conducta exige, no sólo un conocimiento previo profundo de las técnicas, sino también un entrenamiento en las mismas. La flexibilidad es la regla básica, al respecto, para el terapeuta.

No existe una clasificación universalmente aceptada de los métodos de la terapia de conducta. Muchos autores se basan para ello en su simple desarrollo histórico. A continuación mencionare métodos fundamentales de la terapia de conducta:

  1. Métodos de confrontación: El centro de la confrontación lo constituyen las situaciones problemáticas a las que debe enfrentarse el paciente. “Situación” puede referirse, en este caso, a características físicas explícitas, a procesos cognitivos, a circunstancias somaticofisiológicas o a una combinación de los distintos planos.
  2. Métodos operantes: Estos métodos fueron sistematizados por Thorndike y, más tarde, elaborados y precisados por Skinner, Ferster y Skinner.

Según los principios operantes, en el diagnóstico se busca, de un lado, la puntualización de la conducta (variable dependiente), y de otro, el análisis de aquellas variables (variable independiente) que varían con la conducta. La probabilidad de una conducta vendrá determinada por sus consecuencias. Estas estrategias resultan, por tanto, muy oportunas, cuando el problema de un paciente debe cambiar, en relación con su frecuencia.

Los métodos operantes pueden distribuirse en: a) métodos para el montaje o incremento de la conducta; b) métodos para la reducción y debilitamiento de la conducta; c) métodos del manejo de contingencias. Los cuales detallamos a continuación:

Métodos para el montaje o incremento de la conducta

La gran técnica en este campo es el reforzamiento positivo. El principio fundamental de su empleo sería el de variar la situación de modo que las consecuencias positivas sigan contingentes, es decir, inmediatamente después de la conducta deseada.

Para ello, se reorganizan los reforzadores efectivos ya existentes en el entorno natural, según el plan de tratamiento, o se introducen otros nuevos bajo un control estricto.

El control continuado es necesario, porque siempre resulta difícil determinar, si los cambios provienen de los reforzadores o de cualquier otra variable. Se necesita, pues, un proceso concomitante de diferenciación de resultados.

Métodos para la reducción y debilitamiento de la conducta

Este tipo de métodos operantes tiene una gran aplicación, cuando existe un “exceso” en la conducta, bien sea por frecuencia, intensidad o duración. La técnica más usual es el castigo, que según la mayoría de los psicólogos, sólo debería usarse, cuando no haya otras alternativas.

Su aplicación adecuada supone el reforzamiento positivo de una conducta incompatible con la conducta castigada. Al aplicarlo, se han de tomar en cuenta sus efectos, para evitarlos.

Sin embargo, el castigo puede tener un efecto discriminativo importante, porque indicaría, al momento, qué conductas no están permitidas.

La extinción operante se refiere a una reducción en la frecuencia de la respuesta que sigue a la retirada de reforzamiento.

El tiempo fuera, time out, puede calificarse como un aislamiento social contingente. El sujeto, tras una conducta falsa, queda introducido en una situación que excluye cualquier forma de reforzamiento positivo.
Conviene anunciar el aislamiento con señales verbales o no-verbales y nunca debe emplearse, cuando la situación de la que sale el individuo es más desagradable que la del aislamiento, porque el individuo usaría entonces el tiempo fuera como una conducta de evitación.

El costo de respuesta, es como castigar con la perdida de reforzadores. Elliott y Tighe emplearon esta técnica en la reducción del tabaquismo. Los participantes en el programa perdían por cada cigarrillo fumado una considerable cantidad de dinero, que podían recuperar, si dejaban de fumar durante un periodo acordado con anterioridad. Los autores hablan de 84% de reducción en el consumo de tabaco, pasadas 16 semanas.

Métodos del manejo de contingencias

Estos métodos se refieren a la introducción o retirada de estímulos positivos o aversivos, según sea el caso. Pueden llevarlo a cabo el terapeuta, las personas del entorno natural o el propio paciente por medio del autocontrol.

El sistema de economía de fichas, es el resultado de la búsqueda de unos reforzadores adecuados, para ser aplicados al momento, con vistas a alcanzar la meta final deseada. Son reforzadores condicionados generalizados. Son objetos, puntos, fichas, monedas, etc., que pueden intercambiarse, pasado un tiempo, con los verdaderos reforzadores.

Referencias

  • Luis A. Oblitas. “¿Cómo hacer psicoterapia exitosa?” Los 22 enfoques más importantes en la práctica psicoterapéutica contemporánea y de vanguardia. PSICOM Editores. Bogotá D.C. Colombia 2004. Pág. 146
  • Castañedo, Celedonio. “Seis enfoques terapéuticos” Terapia conductual. 2da. Edición. Manual Moderno. México. 2008. Págs. 452.