La terapia filial es una modalidad de terapia de juego en la que los padres son los agentes principales del cambio, no el terapeuta. El profesional los entrena y los supervisa mientras ellos conducen sesiones especiales de juego no directivo con cada uno de sus hijos.
La creó a finales de los años cincuenta el matrimonio Bernard y Louise Guerney, y su lógica es la contraria a la del modelo habitual: en lugar de que el niño mejore en la consulta con un extraño, mejora en casa con quien va a seguir criándolo. Suele durar entre 10 y 20 sesiones.
Qué es exactamente
Es una intervención psicoeducativa, y esa etiqueta define el papel del terapeuta: piensa más como educador que como clínico. Identifica el conocimiento y las habilidades que le harían falta a esa familia, se las enseña, y la ayuda a adaptarlas y usarlas en su propia vida. Con eso se abordan problemas psicológicos, emocionales, conductuales, sociales y del desarrollo.
Es además un enfoque orientado al proceso. Los terapeutas parten de que si crean un ambiente empático, de aceptación y centrado en la persona, esta resolverá buena parte de sus problemas. Aunque persigue metas concretas del niño, de los padres y de la familia, las alcanza fortaleciendo las relaciones, así que el foco está en construir el vínculo mediante el juego más que en objetivos específicos.
Teóricamente es integrador: bebe de las orientaciones humanistas, psicodinámicas, conductuales, interpersonales, cognitivas, de sistemas familiares, de la teoría del apego y de la psicología comunitaria. Se adelantó bastante a su época y encaja mejor con el clima actual de intervenciones familiares y comunitarias que con el de los años cincuenta.
Los padres como compañeros, no como pacientes
Este es el cambio de posición que la define. El terapeuta filial trata a los padres como verdaderos compañeros del proceso y valora la información y las ideas que aportan, porque son los mayores expertos del mundo en sus propios hijos.
Puede que no los hayan tratado bien, que la relación esté dañada y que sus habilidades de crianza sean deficientes. Aun así conocen a su hijo y saben qué esperar de él mucho mejor de lo que jamás podrá saberlo un terapeuta. Partir de ahí, en vez de sustituirlos, es lo que hace que el cambio se sostenga cuando la terapia acaba.
Las fases
- Formación del cuidador. El terapeuta enseña las habilidades y las modela, primero en sesiones demostrativas y después con los padres jugando bajo observación directa.
- Sesiones supervisadas. Los padres conducen las sesiones de juego con su hijo mientras el terapeuta observa y les devuelve feedback inmediato.
- Traslado al hogar. Cuando adquieren competencia y confianza, las sesiones especiales de juego pasan a casa y el terapeuta sigue supervisando el progreso.
- Generalización y alta. Antes de dar el alta, el terapeuta ayuda a los padres a trasladar a la vida cotidiana las habilidades aprendidas en las sesiones de juego. Esta fase es la que distingue una intervención que dura de una que se desvanece.
Muchas familias siguen haciendo las sesiones especiales de juego mucho después de terminar la terapia, sencillamente porque las disfrutan y porque fortalecen la relación y previenen problemas futuros.
Qué aprenden los padres
Las habilidades son pocas y concretas, y todas proceden de la terapia de juego centrada en el niño:
- Escucha empática, que en la práctica es reflejar lo que el niño hace y siente sin dirigirlo ni evaluarlo.
- Seguir el juego del niño en vez de proponerlo, enseñarlo o corregirlo.
- Establecer límites de forma terapéutica: reconocer el deseo, enunciar el límite y ofrecer una alternativa.
- Devolver la responsabilidad, dejando que el niño resuelva lo que puede resolver.
Cuesta más de lo que parece. Lo difícil para un adulto no es aprender la técnica: es dejar de enseñar durante media hora.
Para quién es y cuánto dura
- Edad. Está pensada para niños de hasta unos 12 años, con el rango de mejor ajuste entre los 3 y los 10.
- Duración. Entre 10 y 20 sesiones en la mayoría de las familias. El modelo manualizado más extendido, la terapia de relación filial de Landreth y Bratton, se organiza en 10 sesiones de grupo.
- Formato. Individual por familia o en grupos de padres.
Sirve en tres situaciones distintas: como prevención primaria para fortalecer vínculos, como forma de compensar problemas potenciales en familias en riesgo, y como tratamiento completo en familias con problemas de leves a graves.
Qué dice la evidencia
Es de las intervenciones de terapia de juego con más apoyo empírico. Los metaanálisis del área encuentran tamaños de efecto altos, y con un dato consistente: la terapia de juego con participación de los padres obtiene mejores resultados que la conducida solo por el terapeuta, lo que es coherente con su planteamiento.
Conviene leerlo con cautela. Buena parte de los estudios tienen muestras pequeñas y los realizan equipos vinculados al propio modelo, que es una limitación habitual en la investigación de psicoterapias concretas.
Cuándo no está indicada
Es lo que ninguna descripción divulgativa incluye, y es lo que evita hacer daño:
- Cuando hay maltrato o abuso activo. La intervención requiere que el niño esté seguro. Primero protección, después vínculo.
- Cuando el progenitor tiene un cuadro grave no tratado, un consumo activo o una descompensación. No se puede ser coterapeuta del propio hijo desde ahí.
- Cuando el conflicto de pareja lo ocupa todo. Las sesiones se convierten en terreno de disputa.
- En procesos judicializados de custodia, donde la participación puede estar motivada por el informe y no por el niño.
- Cuando el niño necesita una intervención específica que esto no sustituye, como una atención especializada en un trastorno del desarrollo.
Nada de esto la descarta para siempre: cambia el orden. Primero lo que corresponda, después la terapia filial.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la terapia filial?
Una terapia de juego en la que el terapeuta entrena y supervisa a los padres para que conduzcan ellos sesiones de juego no directivo con sus hijos, convirtiéndolos en los agentes principales del cambio.
¿Quién creó la terapia filial?
Bernard y Louise Guerney, a finales de la década de 1950.
¿Cuántas sesiones dura?
Entre 10 y 20 en la mayoría de las familias. El modelo de grupo de Landreth y Bratton está manualizado en 10 sesiones.
¿Para qué edades sirve?
Para niños de hasta unos 12 años, con mejor ajuste entre los 3 y los 10.
¿En qué se diferencia de la terapia de juego normal?
En quién conduce la sesión. En la terapia de juego centrada en el niño la lleva el terapeuta; en la filial la llevan los padres, entrenados y supervisados, y el objetivo explícito es fortalecer la relación entre ellos.
¿Sirve si mi hijo no tiene ningún problema?
Sí, y es uno de sus usos declarados: prevención primaria para fortalecer los vínculos familiares. No hace falta un problema para beneficiarse.
La terapia filial es una de las formas que adopta el juego como herramienta clínica. El resto de modelos y autores está en terapia de juego, y el marco que explica por qué el vínculo es la vía, en teoría del apego.
Aviso
Material de referencia académica. Este artículo describe una intervención psicoterapéutica y no es una guía para aplicarla: la terapia filial exige formación específica y supervisión, y los padres que participan lo hacen siempre dentro de un tratamiento dirigido por un profesional cualificado.
Fuentes
- Guerney, B. G. (1964), «Filial therapy: description and rationale», Journal of Consulting Psychology, 28(4), 304-310.
- VanFleet, R. (2013), Filial Therapy: Strengthening Parent-Child Relationships, 3.ª edición, Professional Resource Press.
- Landreth, G. L. y Bratton, S. C. (2006), Child Parent Relationship Therapy (CPRT), Routledge.
- Bratton, S. C. y cols. (2005), «The efficacy of play therapy with children: a meta-analytic review», Professional Psychology: Research and Practice, 36(4), 376-390.
- Schaefer, C. E. (2012), Fundamentos de terapia de juego, 2.ª edición, El Manual Moderno, México.