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La teoría de Sigmund Freud sobre la ansiedad

El neurólogo y psicólogo Sigmund Freud consideraba que la ansiedad era el resultado directo del conflicto emocional interno que se produce cuando una persona reprime experiencias, sentimientos y/o pulsiones que son amezanantes o perturbadores. También considera que la ansiedad aparece de la insatisfacción de la libido, en su vertiente concreta de impulsos sexuales. Es decir, la libido no descargada se transforma en ansiedad.

Desde esta última perspectiva, no importaba que las causas de la insatisfacción libidinal fueran unas u otras, externas o internas. En esencia, la falta de gratificación libidinal puede deberse a obstáculo e impedimentos externos que obran sobre el sujeto, a la renuncia voluntaria, por motivo que sea, o a la represión inconsciente de ella.

La ansiedad surge de una transformación de la tensión acumulada.

Sigmund Freud

En cualquiera de estos casos el resultado era, en la primera teoría freudiana de la ansiedad, el mismo: la libido retenida era transformada en ansiedad.

Evolución de la teoría de la ansiedad de Sigmund Freud

Con el desarrollo de su teoría psicoanalítica, su pensamiento sobre el tema cambió significativamente.

Al final de su vida, la ansiedad se había convertido en el centro de sus teorías sobre el desarrollo y el funcionamiento de la mente.

Primera etapa: Teoría de la toxicidad

Las primeras teorías de Freud sobre la ansiedad se remontan a mediados de la década de 1890, incluso antes de que utilizara el propio término «psicoanálisis».

En esta primera etapa, no cree que la ansiedad esté relacionada con los pensamientos o las ideas, sino que observa que está estrechamente relacionada con la sexualidad y la define como una excitación sexual transformada.

En aquella época, Freud consideraba esta excitación sexual (o «libido», como él la llamaba) como una sustancia hipotética que podríamos comparar con sustancias como la testosterona.

La tesis de Freud era que cuando se bloquean las vías de gratificación (por ejemplo, en la interrupción del coito, cuando éste termina antes de la eyaculación), la libido insatisfecha resultante se vuelve tóxica y se encuentra en la ansiedad de exportación. Como dijo más tarde, «la ansiedad nerviosa proviene del deseo sexual, y por tanto tiene la misma relación que el vinagre y el vino».

Segunda etapa: Ansiedad causada por la represión

La visión de Freud sobre la ansiedad cambió cuando desarrolló su teoría de la represión, que describe cómo las ideas relacionadas con los impulsos sexuales se excluyen de la conciencia cuando entran en conflicto con las normas sociales «civilizadas». externas. En otras palabras, Freud afirmaba que el proceso de llegar a ser socialmente humanos requiere que renunciemos a algunos de nuestros impulsos sexuales.

Su anterior «teoría de la tóxicidad» de la ansiedad como excitación sexual de la transformación se mantuvo, con una importante modificación: mientras que su anterior punto de vista sostenía que la causa de la ansiedad era una barrera externa a la liberación sexual, la teoría de la represión desplazó el foco a las barreras internas. Se trata de una teoría de la inhibición psicológica.

La represión pulsional y la ansiedad

De manera que esta teoría propuesta por Freud era una teoría bioenergética de la ansiedad. Sin embargo, ya en otras obras como: la interpretación de los sueños (1900) y Lo inconsciente (1915), se apunta el concepto de la ansiedad no como un mero subproducto biológico, sino como un proceso más psicológico, con una función y un objetivo determinados: advertir un peligro.

Para Freud la ansiedad es una señal de alarma que advierte al YO de un posible sufrimiento. Esto sucede porque el YO es quien gestiona los recursos del organismo de manera que se logre alcanzar la gratificación de los impulsos y se evite el sufrimiento, teniendo en cuenta que la insatisfacción de ellos es siempre una fuente de displacer.

Sin embargo, en ocasiones el YO no alcanza a cumplir su misión, de manera que la tensión provocada por las necesidades no cesa, y el sufrimiento va intensificándose. Estas situaciones dolorosas son denominadas situaciones traumáticas, y la ansiedad que durante ellas se experimenta es la ansiedad que, así mismo, podemos llamar traumática.

Por ejemplo: en la vida extrauterina del bebé, no pudiendo valerse por sí mismo, se encuentra muy frecuentemente sometido a situaciones traumáticas que no puede evitar y de esto no puede librarse más que con el llanto y los movimientos desordenados. Pero rápidamente, con la progresiva maduración del YO, el bebé aprende a conocer cuáles son aquellas situaciones que, en un plazo más o menos largo, pueden devenir traumáticas, y por tanto, provocar sufrimiento. El YO, alarmado ante el peligro que acecha, reacciona generando ansiedad, la cual es en sí misma sentida como un dolor intolerable, pero no tanto como el que resultaría de la situación y en virtud de ello, el YO se ve obligado a utilizar todos sus recursos para alejarse del riesgo traumático que tal situación comporta.

Etapa final: La ansiedad como señal

A finales de la década de 1920, Freud comenzó a introducir una teoría de la ansiedad totalmente nueva y muy diferente, abandonando finalmente su anterior visión de la ansiedad como sexualidad transformada.

Hace una importante distinción entre:

  • La ansiedad automática, la más dominante: se desencadena por situaciones traumáticas en las que el YO indefenso se ve desbordado.
  • La ansiedad como señal: puede activarse en la respuesta del EGO a una situación peligrosa, y que sirve de advertencia de una situación traumática inminente con el fin de tomar medidas defensivas para evitarla.

Estas «situaciones peligrosas» suelen girar en torno a las amenazas que surgen al estar indefenso y a merced de otros: la amenaza de perder a un ser querido, de perder el amor de alguien o de ser atacado. En última instancia, según Freud, estas amenazas eran manifestaciones de una amenaza más fundamental, la amenaza de castración.

Esta nueva perspectiva llevó a Freud a invertir completamente su posición anterior: antes había visto la ansiedad como el resultado de la represión, y ahora la entendía como el precursor de la represión y la causa de la misma.

La última etapa coloca a la ansiedad en un lugar más central en el funcionamiento de la mente: ya no es un efecto secundario de la represión, sino que ahora se pueden considerar los contornos del propio pensamiento, incluyendo sus defensas y síntomas, principalmente como un medio para evitar la ansiedad.

Referencias