Herramientas y pruebas para el diagnóstico temprano del autismo

El Trastorno del Espectro Autista (TEA) es una condición del neurodesarrollo que se manifiesta en la primera infancia, caracterizada por dificultades en la comunicación e interacción social y patrones de comportamiento, intereses o actividades restringidos y repetitivos. La identificación temprana de estas características es fundamental para iniciar intervenciones terapéuticas oportunas que puedan mejorar significativamente la calidad de vida de los niños con TEA y sus familias.

La importancia del diagnóstico temprano en el Trastorno del Espectro Autista (TEA)

Un diagnóstico precoz del TEA, idealmente antes de los tres años de edad, ofrece múltiples beneficios. Permite iniciar la intervención temprana, un factor asociado con mejores resultados en el desarrollo de habilidades sociales, comunicativas y adaptativas. Estudios sugieren que niños que reciben tratamiento temprano logran completar su escolarización y mejorar su rendimiento académico y socialización. Además, un diagnóstico temprano reduce la ansiedad de los padres al comprender las dificultades de su hijo y les brinda acceso a recursos y apoyo especializados. Aunque el autismo es una condición de por vida, muchas personas pueden mejorar significativamente con el apoyo adecuado.

El proceso diagnóstico del TEA

Diagnosticar el TEA no es una tarea sencilla y a menudo requiere la participación de un equipo multidisciplinario que incluya médicos, psicólogos y, en ocasiones, psiquiatras. El proceso se basa en la observación directa del comportamiento del niño, entrevistas con los padres y otras personas cercanas, la aplicación de pruebas y escalas estandarizadas, y una evaluación exhaustiva del desarrollo. Es importante descartar otras condiciones médicas que puedan presentar síntomas similares.

Herramientas de cribado para la detección temprana

Las herramientas de cribado son cuestionarios y breves evaluaciones diseñadas para identificar a niños con mayor probabilidad de tener un TEA y que, por lo tanto, necesitan una evaluación diagnóstica más completa. Estas herramientas no proporcionan un diagnóstico definitivo, pero son útiles para alertar a los profesionales de la salud y a los padres sobre la necesidad de una evaluación más profunda. Algunos de los instrumentos de cribado más utilizados incluyen:

  • Lista de verificación para el autismo en los infantes (CHAT) y Lista de verificación modificada para el autismo en los infantes (M-CHAT/ES): Estas listas se utilizan para evaluar el riesgo de TEA en niños pequeños, generalmente entre los 18 y 30 meses de edad. El M-CHAT/ES, en su versión en español, es un cuestionario de 23 ítems que los padres completan y que explora aspectos del desarrollo comunicativo y social temprano. Fallar en un cierto número de ítems críticos o totales sugiere la necesidad de una evaluación profesional.
  • Herramienta de detección del autismo en niños de dos años (STAT): Esta herramienta de cribado de nivel 2 se aplica directamente a niños de entre 24 y 35 meses que presentan riesgo de TEA. Evalúa doce comportamientos en áreas como el juego, las peticiones, la dirección de la atención y la imitación motora.
  • Cuestionario de comunicación social (SCQ): Este cuestionario se dirige a padres y cuidadores para evaluar las habilidades de comunicación social de niños mayores de cuatro años.
  • Escalas de conducta comunicativa y simbólica (CSBS): Estas escalas evalúan las habilidades comunicativas y simbólicas tempranas en bebés y niños pequeños.
  • Test Infantil del Síndrome de Asperger (CAST): Este test está diseñado para la identificación temprana de niños entre cuatro y once años cuyos comportamientos sugieren un alto riesgo de síndrome de Asperger. Un puntaje igual o superior a 15 indica la necesidad de una valoración diagnóstica.
  • Cuestionario de Cribaje para Espectro Autista de Alto Funcionamiento (ASSQ): Este cuestionario se utiliza para detectar características del espectro autista en niños con un funcionamiento intelectual más alto.
  • Escala Australiana para el Síndrome de Asperger (ASAS): Esta escala está diseñada para identificar comportamientos y habilidades indicativas del síndrome de Asperger en niños durante sus años de escuela primaria.

Evaluación integral para el diagnóstico

Si un niño obtiene resultados que sugieren un riesgo de TEA en una herramienta de cribado, o si existen otras preocupaciones sobre su desarrollo, se recomienda una evaluación integral realizada por un equipo de profesionales especializados. Esta evaluación puede incluir:

  • Observación del comportamiento: Los profesionales observan directamente el comportamiento del niño en diferentes contextos, como durante el juego y la interacción con otros.
  • Entrevistas con padres y cuidadores: Se recopila información detallada sobre la historia del desarrollo del niño, sus habilidades de comunicación e interacción social, sus intereses y patrones de comportamiento. Obtener la mayor información posible es vital para el informe diagnóstico.
  • Evaluación del desarrollo: Se evalúan las habilidades cognitivas, lingüísticas, motoras y adaptativas del niño utilizando pruebas estandarizadas. Las Escalas Mullen de Aprendizaje Temprano son un ejemplo de escala de desarrollo utilizada en la evaluación de niños pequeños con TEA, aunque no existe una versión en castellano.
  • Evaluación de la comunicación y el lenguaje: Logopedas evalúan las habilidades de comunicación verbal y no verbal del niño.
  • Evaluación médica: Se realiza una historia clínica completa y una exploración física para descartar condiciones médicas tratables o asociadas con el TEA, incluyendo la historia inmunológica, alergias y respuestas inusuales a medicamentos. También se pueden indicar estudios de laboratorio específicos para buscar condiciones asociadas, como la prueba para detectar el síndrome X frágil y la evaluación con la lámpara de Wood para descartar esclerosis tuberosa. También se pueden realizar pruebas auditivas y visuales.
  • Herramientas diagnósticas estandarizadas:
    • ADI-R (Autism Diagnostic Interview-Revised) y ADOS-2 (Autism Diagnostic Observation Schedule-Second Edition): Estos instrumentos son considerados el «estándar de oro» para el diagnóstico del TEA. El ADI-R es una entrevista semiestructurada que se realiza a los padres o cuidadores, mientras que el ADOS-2 es una evaluación basada en la observación directa del comportamiento del niño en diversas situaciones estructuradas. Ambos requieren un entrenamiento específico para su administración e interpretación.

Criterios diagnósticos: DSM-5 y CIE-11

El diagnóstico del TEA se basa en los criterios establecidos en manuales diagnósticos internacionales, como el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, 5ª edición (DSM-5) y la Clasificación Internacional de Enfermedades, 11ª edición (CIE-11). Estos manuales describen los signos y síntomas del TEA y establecen cuántos de estos deben estar presentes para confirmar el diagnóstico.

El DSM-5 unificó las categorías previas de trastornos del espectro autista (autismo, síndrome de Asperger, trastorno generalizado del desarrollo no especificado) en un único diagnóstico de TEA. Los criterios principales incluyen deficiencias persistentes en la comunicación social y la interacción social en diversos contextos, y patrones restrictivos y repetitivos de comportamiento, intereses o actividades. El diagnóstico también incluye la especificación de la gravedad de los síntomas y la presencia o ausencia de discapacidad intelectual o deterioro del lenguaje acompañante.

La CIE-11, vigente desde 2022, también adopta un concepto único de TEA y enfatiza las dificultades en la interacción y comunicación social, así como los intereses restringidos y comportamientos repetitivos, añadiendo la importancia de explorar rasgos sensoriales inusuales.

Herramientas de observación de síntomas del TEA

Además del ADOS-2, existen otras pruebas de observación que pueden ayudar en la evaluación de los síntomas del TEA:

  • CARS-2 (Childhood Autism Rating Scale-Second Edition): Esta escala es una de las primeras pruebas de observación de síntomas de autismo y también puede utilizarse como cuestionario para padres. Proporciona una puntuación que indica el grado de severidad del autismo y sugiere pautas para la intervención.
  • PEP-R (Perfil Psicoeducativo para Autismo-Revisado): Diseñado para evaluar el desarrollo cognitivo de personas con TEA y planificar apoyos, también valora los síntomas del trastorno en niños desde los 6 meses hasta los 7 años.
  • AOSI (Autism Observation Scale for Infants): Esta escala evalúa el grado de alteración en 18 comportamientos sociales y comunicativos en niños de entre 6 y 18 meses a través de actividades lúdicas. Se utiliza principalmente en investigaciones longitudinales.
  • STAT (Screening Tool for Autism in Two-Years-Old): Aunque es una herramienta de cribado, su aplicación implica la observación directa de comportamientos en niños de 24 a 35 meses.
  • Prueba ACACIA: Esta prueba evalúa la competencia social y comunicativa de niños mayores de 3 años y adolescentes con sospechas de trastorno del desarrollo, especialmente aquellos con importantes limitaciones funcionales, contribuyendo al diagnóstico diferencial entre autismo con discapacidad intelectual y discapacidad intelectual sin autismo.

La perspectiva de los profesionales de la salud

El diagnóstico del TEA debe ser realizado por profesionales especializados con experiencia en el área, como neuropediatras, psiquiatras infantiles o psicólogos clínicos. Estos profesionales están capacitados para interpretar la información recopilada a través de las diferentes herramientas y pruebas, realizar un diagnóstico diferencial adecuado y proporcionar recomendaciones para la intervención. Ante la sospecha de síntomas de autismo, se recomienda consultar a un profesional de la salud mental para obtener una orientación adecuada. Si los padres persisten con sus preocupaciones, se debe insistir en la derivación a un especialista en desarrollo infantil.

Desafíos y consideraciones en el diagnóstico temprano

A pesar de los avances en la detección y el diagnóstico del TEA, existen desafíos. Los signos tempranos pueden ser sutiles y variar significativamente entre individuos. El diagnóstico antes de los 24-36 meses puede ser complejo, ya que algunos niños con TEA pueden presentar un desarrollo aparentemente típico durante el primer año y medio de vida, con la aparición de signos de alerta más tarde. Actualmente, el diagnóstico se basa principalmente en la observación del comportamiento, aunque la investigación busca identificar marcadores biológicos que puedan facilitar un diagnóstico aún más temprano y objetivo.

El papel de la familia en la detección temprana

Los padres y cuidadores desempeñan un papel crucial en la detección temprana del TEA, ya que son quienes observan al niño en su entorno cotidiano e identifican las primeras señales de alerta. Estar atentos a los hitos del desarrollo y a comportamientos atípicos, como la falta de respuesta al nombre, dificultades con el contacto visual, retraso en el lenguaje, falta de interés en interactuar con otros niños o patrones de juego repetitivos, es fundamental. Ante cualquier preocupación, es importante comunicar estas observaciones a los profesionales de la salud para iniciar el proceso de evaluación si es necesario.

En conclusión, el diagnóstico temprano del autismo se basa en un proceso multifactorial que combina la observación clínica, la información proporcionada por la familia y la aplicación de herramientas de cribado y evaluación estandarizadas. La colaboración entre padres, educadores y un equipo de profesionales de la salud especializados es esencial para identificar a los niños con TEA lo antes posible y brindarles las intervenciones tempranas que optimizarán su desarrollo y su calidad de vida.