Peter Hobson y el autismo: el déficit afectivo frente a la teoría de la mente

R. Peter Hobson, psicólogo del University College de Londres, sostiene una tesis que va contra la explicación dominante del autismo durante los años ochenta y noventa. Para él, las dificultades con la teoría de la mente no son la causa de las particularidades del autismo: son una consecuencia de algo anterior y más básico.

Ese algo anterior es la implicación afectiva con otras personas. Y la discusión no es académica: si el déficit primario es afectivo y no cognitivo, la intervención no debería empezar por enseñar a inferir estados mentales.

Qué dice la teoría de la mente clásica, y qué le objeta Hobson

En 1985, Baron-Cohen, Leslie y Frith publicaron el trabajo que fijó el marco durante dos décadas: los niños autistas fallan en tareas de falsa creencia, como la de Sally y Anne, y de ahí se concluye un déficit específico en la capacidad de atribuir estados mentales a los demás. Simon Baron-Cohen desarrolló después ese marco con la idea de la ceguera mental.

Hobson no discute los resultados de esas tareas. Discute qué se infiere de ellos, y su objeción tiene dos partes.

La primera es de método. Descomponer la relación con los demás en módulos cognitivos independientes deja fuera la dimensión afectiva. Se acaba describiendo un mecanismo de inferencia sobre mentes ajenas como si funcionara al margen del hecho de que las personas nos afectan.

La segunda es de desarrollo. Un niño no llega a la falsa creencia por maduración de un módulo. Llega después de años de intercambios emocionales con otros, y esos intercambios son la condición de posibilidad de lo demás. Si están alterados desde el principio, el resultado a los cuatro años será un fallo en la tarea de Sally y Anne, pero el fallo no está ahí: está mucho antes.

Su propuesta: intersubjetividad e identificación

Hobson construye su modelo sobre el trabajo de Colwyn Trevarthen acerca de la intersubjetividad, y distingue dos niveles:

Intersubjetividad primariaEl intercambio afectivo cara a cara de los primeros meses. Miradas, turnos, sintonía emocional. Dos personas coordinadas sin nada más de por medio
Intersubjetividad secundariaAparece hacia los nueve meses. Entra un tercer elemento: un objeto, un acontecimiento. Es la atención conjunta, mirar juntos lo mismo y saber que se mira juntos

Para Hobson, en el autismo están afectados los dos niveles, y no solo el segundo. Ahí se separa de las lecturas que sitúan el problema en la atención conjunta.

El mecanismo que propone es la identificación: la capacidad de ser movido por la actitud de otra persona hacia algo y de asumir esa actitud como propia. No es imitar un gesto, es adoptar un punto de vista. Cuando un niño mira a su madre para saber si un juguete nuevo da miedo y se queda con la respuesta de ella, eso es identificación.

De esa capacidad, según Hobson, salen después varias cosas a la vez: el lenguaje simbólico, el juego de ficción, la conciencia de uno mismo como una persona entre otras y, al final del recorrido, la teoría de la mente. Su libro The Cradle of Thought (2002) lleva esa idea al límite: lo que nos hace capaces de pensar es la calidad de los intercambios de un bebé con otras personas durante sus primeros dieciocho meses.

Por qué importa que las particularidades vayan juntas

El argumento que Hobson desarrolla en «The coherence of autism» (2014) es el más fuerte de su propuesta. En el autismo no aparece un rasgo aislado, aparece un conjunto que se presenta unido: comunicación no verbal, uso del lenguaje, imitación, juego simbólico, conciencia de sí y comprensión de las mentes ajenas.

Un déficit modular explicaría uno de esos rasgos. No explica por qué van juntos. Un origen común en la experiencia interpersonal temprana sí, porque todos ellos se apoyan en la misma raíz.

En cuanto a la base empírica, la línea de trabajo de Hobson en los años ochenta partió de estudios sobre reconocimiento emocional: pedía a niños autistas y a controles emparejar expresiones faciales con gestos, con voces o con situaciones. Las dificultades aparecían de forma más marcada cuando la tarea exigía integrar la emoción a través de canales distintos, no cuando bastaba con discriminar una cara.

Qué no está resuelto

Aquí hace falta prudencia, porque este es un debate abierto y el artículo que estás leyendo no puede cerrarlo.

No hay una causa única del autismo ni una teoría psicológica aceptada por todos. Conviven la de la teoría de la mente, la de la función ejecutiva, la de la coherencia central débil y la de Hobson, y ninguna explica el cuadro completo. Las causas del autismo son múltiples y en buena parte genéticas, y ninguna de estas teorías psicológicas describe una causa: describen un nivel intermedio entre la biología y la conducta.

Cuál es el déficit «primario» sigue sin decidirse. Establecer que algo es anterior en el desarrollo exige seguir a niños desde los primeros meses, y esos estudios son difíciles porque el diagnóstico llega después. Buena parte de la evidencia disponible es retrospectiva.

Y el marco del déficit está discutido. La perspectiva de la neurodiversidad sostiene que describir el autismo como un conjunto de carencias respecto a un desarrollo típico es una decisión interpretativa y no un dato. Aunque discutas esa objeción, conviene saber que existe: cambia cómo se leen teorías como esta y cómo se plantean los apoyos.

Lo que sí tiene consecuencia práctica es la dirección que señala Hobson. Si la implicación afectiva es la base, los apoyos tempranos que trabajan el intercambio compartido, el ritmo y la sintonía tienen sentido antes que los que entrenan directamente la inferencia de estados mentales. Es coherente con su modelo, y no es lo mismo que decir que esté demostrado.

Preguntas frecuentes

¿Hobson niega que exista un déficit en teoría de la mente?

No. Acepta que las dificultades en tareas de falsa creencia son reales y replicables. Lo que niega es que sean el punto de partida: para él son el resultado de una alteración anterior en la implicación afectiva con otras personas.

¿En qué se diferencia de Baron-Cohen?

En el nivel donde sitúan el problema. Baron-Cohen describe un mecanismo cognitivo específico para atribuir estados mentales que en el autismo no funciona bien. Hobson describe una alteración en la relación afectiva temprana de la que ese mecanismo depende. Uno explica un módulo, el otro explica por qué muchas cosas cambian a la vez.

¿Qué es la identificación en su teoría?

La capacidad de ser movido por la actitud de otra persona hacia algo y adoptar esa actitud. No es copiar una conducta: es que el punto de vista del otro te alcance y te reorganice. Hobson la considera el pilar del desarrollo social y simbólico.

¿Dónde leerlo?

Autism and the Development of Mind (1993) es la formulación técnica. The Cradle of Thought (2002) es más accesible y extiende la tesis al origen del pensamiento en general.

Más sobre este tema en criterios diagnósticos del TEA, sensibilidad sensorial y el resto de autismo.

Aviso

Este artículo expone un modelo teórico con finalidad informativa y no sustituye la consulta con un profesional. Las teorías psicológicas del autismo no son criterios diagnósticos, y ninguna sirve para valorar a una persona concreta. El diagnóstico del trastorno del espectro autista y la indicación de apoyos corresponden a un equipo especializado.

Fuentes

  • Hobson, R. P. (1993), Autism and the Development of Mind, Lawrence Erlbaum.
  • Hobson, R. P. (2002), The Cradle of Thought: Exploring the Origins of Thinking, Macmillan.
  • Hobson, R. P. (2014), «The coherence of autism», Autism, 18(1).
  • Baron-Cohen, S., Leslie, A. M. y Frith, U. (1985), «Does the autistic child have a «theory of mind»?», Cognition, 21(1).
  • Trevarthen, C. (1979), «Communication and cooperation in early infancy», en M. Bullowa (ed.), Before Speech, Cambridge University Press.
  • American Psychiatric Association (2022), DSM-5-TR.