La psicología conductual, o conductismo, estudia la conducta observable y su relación con el ambiente. Su tesis central es que las personas y los animales aprenden de su entorno: los factores ambientales, que llama estímulos, determinan el comportamiento observable, que llama respuestas.
Propone dos procesos básicos de aprendizaje: el condicionamiento clásico, que es aprendizaje por asociación, y el condicionamiento operante, que es aprendizaje por las consecuencias de la conducta. Casi todo lo demás se deriva de ahí.
Lo que distinguió al conductismo de las escuelas de su tiempo fue una exigencia de método: si algo no se puede observar y medir, no puede ser objeto de una psicología científica. En sus primeras décadas llegó a sostener que era la única corriente verdaderamente científica, una pretensión que hoy no mantiene nadie.
Condicionamiento clásico: Pavlov
Lo describió el fisiólogo ruso Iván Pávlov a comienzos del siglo XX, estudiando la salivación en perros. Partió de un reflejo natural y lo asoció a un estímulo que no significaba nada.
| Elemento | Qué es | En el experimento |
|---|---|---|
| Estímulo incondicionado (EI) | Provoca la respuesta sin aprendizaje previo | La comida |
| Respuesta incondicionada (RI) | La reacción natural al EI | Salivar ante la comida |
| Estímulo neutro | No provoca esa respuesta | El sonido del metrónomo |
| Estímulo condicionado (EC) | El neutro, tras asociarse repetidamente al EI | El sonido, ya asociado |
| Respuesta condicionada (RC) | La reacción aprendida ante el EC | Salivar ante el sonido |
El hallazgo es que un estímulo que no significaba nada acaba provocando una respuesta fisiológica, solo por haberse presentado junto a otro que sí la provocaba. De ahí salen tres fenómenos que se preguntan siempre:
- Extinción. Si el EC se presenta repetidamente sin el EI, la respuesta condicionada se debilita.
- Recuperación espontánea. Tras un descanso, la respuesta extinguida puede reaparecer, lo que indica que la extinción no borra el aprendizaje, sino que lo inhibe.
- Generalización y discriminación. La respuesta se extiende a estímulos parecidos, y el organismo puede aprender a distinguirlos.
Sus principios están detrás de varias terapias, entre ellas la desensibilización sistemática para las fobias, en la que se expone al estímulo temido de forma gradual, y la terapia de aversión.
Watson lo llevó al ser humano en 1920 con el experimento del pequeño Albert, en el que condicionó a un bebé a temer una rata blanca asociándola a un ruido fuerte. Es un estudio central en la historia de la disciplina y también un caso citado en todos los manuales de ética por razones evidentes: hoy no habría comité que lo aprobara.
Condicionamiento operante: Skinner
Si en el clásico el organismo es pasivo, en el operante actúa, y lo que ocurre después determina si repetirá la conducta. B. F. Skinner lo formuló como principio de reforzamiento: la conducta está influida de manera decisiva por sus consecuencias.
| Consecuencia | Efecto sobre la conducta |
|---|---|
| Refuerzo positivo: se añade algo agradable | La aumenta |
| Refuerzo negativo: se retira algo desagradable | La aumenta |
| Castigo positivo: se añade algo desagradable | La disminuye |
| Castigo negativo: se retira algo agradable | La disminuye |
El error más repetido es leer «negativo» como castigo. Refuerzo negativo no es castigo: es retirar algo aversivo, y aumenta la conducta. Quitarse unos zapatos que aprietan refuerza negativamente la conducta de quitárselos.
La aportación de Skinner no fue solo el principio, sino la cantidad de aplicaciones que derivó de él: moldeamiento por aproximaciones sucesivas, programas de reforzamiento con distintas razones e intervalos, y procedimientos de modificación de conducta que se usan en la escuela, el hogar, el ámbito laboral y la clínica. De ahí también dos ideas que marcaron la práctica: que las conductas problemáticas pueden entenderse en función de sus reforzadores, y que se modifican mediante programas que los manipulen.
Conviene precisar qué defendía Skinner, porque suele simplificarse. Su conductismo radical no negaba la existencia de pensamientos y sentimientos: sostenía que también son conducta y se rigen por las mismas leyes, y lo que rechazaba era usarlos como causa explicativa. Es una posición distinta del conductismo metodológico de Watson, que directamente los excluía del objeto de estudio.
De la caja negra al aprendizaje social
El conductismo estricto trataba al organismo como una caja negra: lo que ocurre dentro no se niega, se declara inaccesible. Varios autores fueron abriéndola sin abandonar los principios de aprendizaje.
Bandura mostró que buena parte del aprendizaje humano ocurre por observación, sin que el observador ejecute la conducta ni reciba refuerzo. Es el aprendizaje vicario. Y señaló que la observación no basta: intervienen la atención, la capacidad de retener lo observado, la de reproducir la habilidad y la motivación para llevarla a cabo.
Rotter introdujo el mundo subjetivo del sujeto: la percepción de la situación, mediada por atributos psicológicos individuales, influye en la conducta. Describió tendencias direccionales como el reconocimiento, la dominación, la independencia, la protección-dependencia, el amor y afecto, y la comodidad física, y sobre todo el locus de control, interno o externo, que sigue usándose hoy.
Mischel sostuvo que conducta y situación están imbricadas, y propuso variables de la persona que median el procesamiento de los estímulos: competencias cognitivas y conductuales, categorías y conceptos, expectativas sobre las consecuencias, preferencias y aversiones, y planes de autorregulación. Su crítica a la consistencia de los rasgos abrió el debate persona-situación.
Ellis, desde la terapia racional emotiva, sostuvo que los procesos cognitivos pueden modificar la respuesta emocional a través de lo que llamó autoverbalización. Su planteamiento no es que las emociones se supriman, sino que la interpretación de los acontecimientos modula la reacción emocional ante ellos.
Las críticas
Subestima la complejidad de la conducta humana. Es la crítica general y la más repetida.
La generalización desde animales tiene límites. Muchos hallazgos fundacionales se obtuvieron con ratas y palomas, y hay fenómenos humanos que no se explican bien desde ahí.
El lenguaje fue el caso crítico. Chomsky, en su reseña de Verbal Behavior (1959), argumentó que un niño produce frases correctas que nunca ha oído, y las produce con una rapidez que la exposición recibida no justifica. Esa reseña se considera el inicio de la revolución cognitiva.
El propio laboratorio puso límites al condicionamiento. No todas las asociaciones se aprenden igual de fácil: hay preparación biológica, y hay aprendizaje sin refuerzo. El organismo no era la pizarra en blanco que el primer conductismo suponía.
Reducir lo psicológico a lo medible deja fuera cosas que importan. El propio movimiento acabó reconociéndolo, y de ahí salen las terapias cognitivo-conductuales actuales, que trabajan con pensamientos y creencias sin renunciar a los principios de aprendizaje.
Lo que ha sobrevivido no es poco. Refuerzo, extinción y control de estímulos siguen siendo la base de las intervenciones con más apoyo empírico para fobias, ansiedad y problemas de conducta infantil, y la exposición, que es un procedimiento conductual, es el tratamiento de elección en los trastornos de ansiedad.
Fuentes
- Pavlov, I. P. (1927), Conditioned Reflexes, Oxford University Press.
- Watson, J. B. y Rayner, R. (1920), «Conditioned emotional reactions», Journal of Experimental Psychology, 3(1), 1-14.
- Skinner, B. F. (1953), Science and Human Behavior, Macmillan.
- Bandura, A. (1977), Social Learning Theory, Prentice Hall.
- Chomsky, N. (1959), reseña de Verbal Behavior, Language, 35(1), 26-58.
- Mischel, W. (1968), Personality and Assessment, Wiley.