La dimensión social del juego: los seis tipos de Parten y qué queda de ellos

Mildred Parten observó a niños de dos a cinco años en juego libre y describió seis formas de participación social, ordenadas de la menos a la más social. Su tesis doctoral es de 1929 y se publicó en 1932 como Social Participation among Preschool Children.

Su conclusión fue que a medida que los niños crecen, su juego se vuelve más interactivo y cooperativo: primero juegan solos, después al lado de otros y por último juntos. Casi un siglo después, la clasificación sigue usándose y la interpretación que Parten le dio no se sostiene. Merece la pena separar las dos cosas.

Los seis tipos de juego de Parten

Parten agrupó tres como no sociales y tres como sociales.

GrupoTipoEn qué consiste
No socialDesocupadoEl niño no juega. Observa lo que llame su atención, deambula o se queda quieto
No socialSolitario independienteJuega solo, con material distinto del de los demás y sin buscar acercarse
No socialEspectadorMira jugar a otros y les habla, pero no entra en el juego
SocialParaleloJuega al lado de otros, con material parecido, sin coordinarse con ellos
SocialAsociativoHay conversación e intercambio de material, pero cada uno sigue su propia actividad
SocialCooperativoEl grupo tiene un objetivo común, hay reparto de papeles y las acciones se coordinan

La diferencia entre el paralelo y el asociativo está en la comunicación, y la que hay entre el asociativo y el cooperativo está en la organización. Dos niños que hablan mientras cada uno construye lo suyo juegan de forma asociativa; si se reparten quién trae las piezas y quién construye, es cooperativo.

Lo que no se sostiene: que lo no social sea inmaduro

Parten interpretó su propia secuencia como una escala de madurez, y de ahí sacó una advertencia: los niños pequeños que siguen jugando solos podrían desarrollar problemas sociales, psicológicos o educativos.

Esa lectura hoy se considera demasiado simple. Varias formas de juego no social son perfectamente productivas. El caso mejor documentado es el juego paralelo constructivo, que es armar un rompecabezas al lado de otro niño que hace lo mismo: en un estudio con niños de cuatro años era más frecuente en niños con alta capacidad para resolver problemas, populares entre sus compañeros y considerados socialmente hábiles por sus maestros.

Es decir que la misma conducta que Parten leía como retraso aparece asociada a lo contrario.

Lo que se pregunta hoy: no si juega solo, sino por qué

El cambio de enfoque es este. La categoría describe la conducta observable, y la conducta observable no dice su motivo. Un niño puede jugar solo porque prefiere concentrarse, porque el grupo lo rechaza, porque le da miedo acercarse o porque está absorto en algo que le interesa más. Son situaciones distintas y solo una de ellas es motivo de preocupación.

En un estudio con 567 alumnos de jardín de infancia, maestros, observadores y compañeros clasificaron a casi dos de cada tres niños que jugaban solos, y la clasificación distinguía precisamente entre motivos: retraimiento por ansiedad frente a preferencia por la actividad solitaria.

Para quien trabaja con niños, la consecuencia práctica es directa: la categoría de Parten es un punto de partida para observar, no una conclusión. Lo informativo no es cuántos minutos pasa un niño en juego solitario, es qué ocurre cuando se le ofrece entrar en el grupo y qué hace cuando el grupo lo invita.

Es también la razón por la que el juego se usa como vía de acceso en clínica infantil, y de lo que se ocupan los autores de la terapia de juego.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos tipos de juego describió Parten?

Seis: desocupado, solitario independiente, espectador, paralelo, asociativo y cooperativo. Los tres primeros los clasificó como no sociales y los tres últimos como sociales. Verás fichas que hablan de cinco, porque a veces se omite el desocupado al no ser propiamente juego.

¿En qué se diferencian el juego paralelo y el asociativo?

En la comunicación. En el paralelo los niños juegan al lado con material parecido y sin interacción verbal. En el asociativo hay conversación e intercambio de material, aunque cada uno mantenga su propia actividad.

¿Es preocupante que un niño juegue solo?

Depende del motivo, no de la conducta. El juego solitario por preferencia o por concentración no es un signo de alarma. Lo que conviene mirar es si hay evitación del contacto, ansiedad al acercarse a otros o rechazo por parte del grupo, y eso no se ve en la categoría sino observando qué pasa alrededor.

¿Sigue siendo válida la clasificación?

Como descripción de conductas, sí, y se usa a diario. Lo que no se sostiene es leerla como una escala de madurez en la que estar arriba es mejor.

Más sobre el juego como herramienta clínica y de desarrollo, en terapia de juego.

Fuentes

  • Parten, M. B. (1932), «Social participation among preschool children», Journal of Abnormal and Social Psychology, 27(3).
  • Rubin, K. H., Coplan, R. J. y Bowker, J. C. (2009), «Social withdrawal in childhood», Annual Review of Psychology, 60.
  • Papalia, D. E., Olds, S. W. y Feldman, R. D., Desarrollo humano, McGraw-Hill.